15 de marzo de 2009

Esta carretera me aparta de todo

Esta carretera me aparta de todo. La velocidad es mi aliada, me lleva con el vértigo de las horas, con la luz reflejada en el parabrisas. El acelerador no da para más, mi sonrisa una dosis alta de adrenalina. Quiero correr, deseo correr, necesito correr. El volante solo acariciado, izquierda, derecha.... las curvas amplias y soleadas. Solo las rayas del asfalto pasan inadvertidas, fugaces, como sombras blancas sobre mi fija mirada. Sin pestañear, balanceando el placer de correrme sin frenar, despertando solo instintos de furia y riesgo, sumergiendo mi cuerpo en una ráfaga de viento, sin mirar atrás, sin despedirme de nada. Los sonidos viejos de guitarra me encierran en la nada de mi pasado, son únicos, cegadores. Me conduce la vida a doscientos por hora, sabiéndome rey de una llanura ocre, de unos campos infértiles que corren a un lado y otro de la carretera.

Se acerca un ocaso sin miedo. Una luna casi invisible y un sol apagado que hará del camino una estampa de alfombrado alquitrán naranja. Sigo como un poseso aferrado al acelerador, involucrado en llegar el primero a la meta solo en mi cabeza imaginada. Sueño con el pedestal floreado de los cánticos nuevos, con la risa de aquella muchacha. El camino es mío, mía la estancia de sufridas sacudidas de placer. El neumático es nuevo y puedo arriesgar mi instinto, la presión de conducirme sin más.

La carretera me aparta de todo. La velocidad es mi aliada, me adentra en una muerte lenta de tibias sensaciones. No puedo pensar, ni hablar ni soñar, si acaso sonreír, intuir carcajadas sobre un salpicadero que huele a nuevo, a piel negra sobre números de neón azul. La música revienta en melodías estridentes el frágil reflejo del cristal. A doscientos por esta autovía desconocida, por este mar de alquitrán reducido a gris manto que me cubre en la noche que ya se acerca, que me espera, que saluda con un viento oscuro, una caricia de leve sombra blanca. Quiero correr, olvidarme y acelerar. Quiero ver solo en el cristal de mis gafas ese reflejo azul de los números, solo un perfil de cuentakilómetros enloquecido, sublime, bello de artificiales placeres. La carretera me aparta de todo. Quiero correr, saberme ya en el umbral de la lejanía, a mil kilómetros de todo, en una secuencia de olvido maltratado. Quiero correr, huir en esta tarde de primavera, volar por esta carretera muerta, esta carretera que de todo me aparta.

12 se han atrevido a comentar ¿Nada que decir?:

solitaria dijo...

Muy bueno el artículo y el símil;fantástico. Eres un genio por saber unir tus dos grandes aficiones y encima darle un toque poético. Un beso de tu fan nº 1.

MAMEN... dijo...

A veces es bueno marchar por una carretera sin destino fijo¡¡¡¡;)

TE DEJO BESOOOSSS¡¡¡¡

d´paula dijo...

SOLITARIA, gracias por tu comentario pero no te pases con lo de genio. Sí es cierto que me gusta la velocidad aunque, por motivos más que evidentes no puedo llevar a cabo. ¿Poéticamente dices?. Bueno más bien sacrcástica y metafóricamente.
Un beso

d´paula dijo...

MAMEN, las carreteras siempre tienen un destino aunque no sepamos lo que nos depara hasta que llegamos a él. Hay veces, que sí que sabemos que podría depararnos aún estando todavía en el camino, en ese camino que llevamos a gran velocidad.
Un beso

Anónimo dijo...

Mil carreteras quisiera recorrer, mil vías descubrir, sentir el vértigo y la placentera sensación de libertad que me produce el viaje. Penetrar en rostros anónimos, imaginar vidas y sensaciones...sentir a gran velocidad...correr...para llegar antes...para vivir mas...el único problema es que a esta velocidad no puedo ver el paisaje, no puedo digerir la vida....

Como siempre geniales tus escritosrelatosreflexionespoemas...

Anónimo dijo...

Gratamente sorprendida no imagina algo de color en un cris intenso, a veces las apariencias engañañ

José Manuel dijo...

Vértigo y ritmo frenético que te acelera el corazón. Lugares desconocidos, destinos inciertos. Carreteras, caminos, vías... cauces para vivir sueños que siempre quedan pendientes de ser vividos. La vida a grandes sorbos... Tu y todo un mundo a tu alrededor... Cerrar los ojos a veces es suficiente.

Genial reflexión la que haces Paco, no sabía de aquí...gracias por compartir.

d´paula dijo...

ANONIMO 1. A estas alturas me vienes con anónimos¿ No ves que no nos engañas, que esa manera bella y peculiar de describir y escribir, ya la conocemos? jaja
Un abrazo te echaba de menos.

d´paula dijo...

ANONIMO 2. No si se tomar tu comentario como un halago o que, realmente, lo que quieres decir es que soy un poco gris jejejej.
Visita este, tu sitio, cuando quieras. Es tu casa y puedes comentar cuando te perezca.
Un saludo

d´paula dijo...

Gracias Jose Manuel por visitar mi blog, ha sido un placer ver tu comentario. Tampoco conocía la existencia del tuyo y lo visitaré a menudo.
Un abrazo

Walter Portilla dijo...

Paco, me sorprendió un poco el comentario que hiciste en mi blog y ahora me doy cuenta el por qué. Estabas huyendo de la vida (claro que ya pasada pero huyendo). A esa velocidad no se huye, me dirás tú. Y yo te diré que cuando sientes que todo es un perfil en el que han decaído los colores, sí se huye. De repente un rato, de repente mucho tiempo, de repente para siempre, eso no lo sabe nadie sino tú.
Manejar desesperadamente por olvidar algo es correr sin mirar que a los costados todo es verde, todo es cálido, todo es del color que preferimos menos el gris que nubla nuestro camino.
Quizá sea tu yo poético el que habla y espero que sea así, no una carrera que no lleva a ningún sitio.
Te expresas muy Paco, aun cuando te lastimas cuando lo haces, te lastimas bien.
Mi abrazo querido amigo.

d´paula dijo...

Como siempre, Walter, comentario que capta toda la esencia de lo expresado. Sabes siempre sacar toda la esencia de mis sensaciones y me desnudas el alma con naturalidad, me aconsejas con comprensión y opinas de mis escritos con la sencillez de tu gran sabiduría.
Un abrazo amigo