El que avisa no es traidor y por deformación del oficio de mal vivir y sugiriendo no caer en deseos arduos, liberado de tanta tontería y escarmentado de reuniones típicas, me asalta el empeño, siempre lúdico, de escarmentar tópicos y costumbres a la que no me comprometo cuando mi cuerpo, en horizontal, algo pálido y sin sonrisa, se muestre ajeno a tu presencia dolorosa. Dicho esto y sin ánimo de parecer pájaro de mal agüero y vistos tantos y tantos entierros, paso a describir, y ese es mi deseo, lo que no quiero para el mío.
No quiero en mi funeral despistados que te den el pésame, niños que salen de inglés en chándal y corriendo mientras te acercas a cumplir por ser amistad de cuarta categoría, No quiero un cura reventado en vino ni un ataúd demasiado pesado, ni abuelos con gorrilla en mano. No quiero réquiem exagerado ni homilías de ensueño, si acaso un motete en el intermedio y unas palabras dichas con desánimo. No quiero que llueva para que no manchéis el mármol, que estéis todos sentados y quede pasillo para mi cuerpo. No quiero que me esperen al otro lado de la acera fumando al sol ni cafés para dejarme en el “Bar Mónaco”, si acaso pequeños corros chismosos recordando lo bueno que era. No quiero el coche fúnebre la media hora aparcado ni coronas de clavel blanco. No quiero a mi viuda escandalizada ni gritando, ni miles de labios besándola, si acaso un mono vestidito negro con encajes debajo. Quiero entrar en el nicho con los pies delante para poder ver vuestro gesto, no respirar dentro para no tener que ahogarme. No quiero tres día de luto ni música bajita, ni oír por las esquinas “pobre miserable”. No quiero un duelo de varones trajeados (no hay varones en mi familia), si acaso tres cuñados huidos que dan apretones de manos.
Una noche mala la tiene cualquiera; quiero que eso digas en mi velatorio. Quiero que tan solo digan: ¡que solo y quieto se ha quedado! Y no poder aguantar la risa. No quiero chistes malos a escondidas pero sí sonrisas a destiempo. Quiero morir cuado esté despierto para vivir de cerca mi muerte, mi único sueño eterno. No quiero un nicho de cal petrificada ni ladrillo visto, no quiero fotos ni cristales rotos, ni velas rojas ni flores secas. No quiero campanas que suenen a muerto mientras haces el amor en tu dormitorio. Quiero pasar inadvertido en mi velatorio, que no funcione el aire acondicionado para que todos salgan corriendo. No quiero verte allí sola esperando un beso de aliento. No quiero un padre nuestro meditado a medias, ni miradas al cielo, ni suspiros, ni medias negras, si acaso un pequeño llanto discreto, insonoro dedicado a mi alma tan desnuda, tan sola, tan revestida de miedo. Y dicho esto no quiero que olvides mi sistema, mi anhelo, porque.... eso sí, no quiero morirme todavía, ni quiero ni pretendo. Ah... se me olvidaba, quiero un teléfono móvil por si despierto.
No quiero en mi funeral despistados que te den el pésame, niños que salen de inglés en chándal y corriendo mientras te acercas a cumplir por ser amistad de cuarta categoría, No quiero un cura reventado en vino ni un ataúd demasiado pesado, ni abuelos con gorrilla en mano. No quiero réquiem exagerado ni homilías de ensueño, si acaso un motete en el intermedio y unas palabras dichas con desánimo. No quiero que llueva para que no manchéis el mármol, que estéis todos sentados y quede pasillo para mi cuerpo. No quiero que me esperen al otro lado de la acera fumando al sol ni cafés para dejarme en el “Bar Mónaco”, si acaso pequeños corros chismosos recordando lo bueno que era. No quiero el coche fúnebre la media hora aparcado ni coronas de clavel blanco. No quiero a mi viuda escandalizada ni gritando, ni miles de labios besándola, si acaso un mono vestidito negro con encajes debajo. Quiero entrar en el nicho con los pies delante para poder ver vuestro gesto, no respirar dentro para no tener que ahogarme. No quiero tres día de luto ni música bajita, ni oír por las esquinas “pobre miserable”. No quiero un duelo de varones trajeados (no hay varones en mi familia), si acaso tres cuñados huidos que dan apretones de manos.
Una noche mala la tiene cualquiera; quiero que eso digas en mi velatorio. Quiero que tan solo digan: ¡que solo y quieto se ha quedado! Y no poder aguantar la risa. No quiero chistes malos a escondidas pero sí sonrisas a destiempo. Quiero morir cuado esté despierto para vivir de cerca mi muerte, mi único sueño eterno. No quiero un nicho de cal petrificada ni ladrillo visto, no quiero fotos ni cristales rotos, ni velas rojas ni flores secas. No quiero campanas que suenen a muerto mientras haces el amor en tu dormitorio. Quiero pasar inadvertido en mi velatorio, que no funcione el aire acondicionado para que todos salgan corriendo. No quiero verte allí sola esperando un beso de aliento. No quiero un padre nuestro meditado a medias, ni miradas al cielo, ni suspiros, ni medias negras, si acaso un pequeño llanto discreto, insonoro dedicado a mi alma tan desnuda, tan sola, tan revestida de miedo. Y dicho esto no quiero que olvides mi sistema, mi anhelo, porque.... eso sí, no quiero morirme todavía, ni quiero ni pretendo. Ah... se me olvidaba, quiero un teléfono móvil por si despierto.

8 se han atrevido a comentar ¿Nada que decir?:
Veo que ya tienes encargado un buen aparato para conectarte con el mundo exterior, jajajjaaaaa¡¡¡ainnnssss
UN BESOOOO GRANDOTEEEEE¡¡
Pues deja este escrito como tu ultima voluntad y que se cumpla todo.. aunque sera algo dificil.
Un beso!
Josu de Paula que susto me has dado!! Al ver el título del post.
Bueno, repuesto del mal rato, te cuento que mi padre dejó por escrito como quería que fuese su funeral, su lápida, la esquela, etc. Hemos hecho casi todo lo que nos pidió pero otras cosas no nos hemos atrevido, como ponerle en la esquela doña Retranca, como le llamaban sus amigos en las partidas interminables del casino y otras cosillas.
En fin, espero que vivas muchos años, que digo muchos, muchísimos años y nosotros tus amigos bloggeros también para seguir (aunque de tarde en tarde, como yo) visitándonos y comentando cosillas.
Un abrazo.
Por si, Mamen, por si; que nunca se sabe, jajaja
Un beso guapa
Anaaaa, ¿todavía enterita?. Ya estarás a punto no?. No puedo dejar como última voluntad que la gente no tome café en el Mónaco, jajaja.
Un beso.
Kinush lo de tu padre y sus últimas voluntades le honra; era persona de gran sentido del humor y eso ya dice mucho. Nuestros padres y su época, eran gente fantástica.
Un abrazo amigo
...y si es un iphone, mejor...me ha gustado el post. ¿Quién no se ha inventado su propio final?...desde uno de los muchos coletazos vanidosos que pegamos en vida, en ese último suspiro no hay quién nos reste el protagonismo de la escena. Qué menos que dirijamos el cotarro como nuestro que es... no cabe de otro modo, y además dejar el trabajo hecho segurico que supone algún alivio para los que queden.
Yo como tengo muchas contradicciones, pues por un lado me mola lo de las plañideras…su poquito cinismo y dramaturgia…lorquiana que es una…pero por otro lado, me infunde confianza ese puntito sajón de hacerse un homenaje a modo convite, donde tu decidas la música y algunos detalles más…se hable de ti, cada uno desde su experiencia cercana, y tu portavoz lea lo que tu quieras decirle a ca uno de los presentes…
Bueno, que un beso desde mi más sentida y vital voluntad.
R.
R. las plañideras tienen su punto pero puede que me descojone al verlas... ¿las veré?. Lo del convite, pasados unos días, no estaría mal y que te descubran sin poder defenderte y que emborrachen su alma de tí. Si a alguien en ese momento se le escapa una lagrimita, valdrá más que 100 plañideras juntas, aún en la trágica secuencia lorquiana.
Un beso
Publicar un comentario en la entrada