21 de febrero de 2009

Rosita de Noche

Los años que pasaron junto a tus noches murieron con tus insólitos olvidos. La reina de las necesidades y los augurios, de todos los vicios incontrolados. La paz que revienta a cada esquina con el deseo de las morbosas carteras. Ya las habitaciones se desnudan reflejando el neón en sus ventanas. De las alcantarillas el hedor se reclina en los zaguanes de suaves y húmedos muslos. El sudor es el licor de las oscuras noches y se fingen los susurros a la mínima distancia de tus ojos. Ya se marchita la madrugada y aún los resquicios del desánimo afloran con los últimos clientes ebrios de asco. La fiesta continúa con miles de jadeos incontrolados; unos de vómito reventados, los menos de perfumes caros; y tu boca siempre dispuesta como manantial de todas las pobrezas.

Se intuye en el perfil de tus ojos una cascada de salobres líquidos y una lágrima entrecortada es reina de pureza, amiga de lo invisible, de las oscuras intimidades; mudo testigo de tus infantiles años, del calor del hogar. Es el raro estigma del dolor de unos padres ignorantes que no cesan en confesarte reina, princesa coronada que un día triunfó en las grandes ciudades.

¡Son las realidades tan invisibles como los llantos que en la mañana, aún oscura, son auténticos quejidos de pena!. Y nunca sientes deseo; acaso el tímido cosquilleo en los primeros ecos de la dulzura –cariño disimulado-.

Olfateando los regateos de los intercambios; y un único precio, el precio del lamento. Las canciones impregnadas en vinilo, manchadas con restos de cerveza, suenan aparatosas en el barato giradiscos que ensimismada observas. La mano en la barbilla, el codo en el relleno de skay de la barra y las piernas cruzadas sobre el taburete haciendo de los muslos huidas formas a los ojos de la mesa número siete.

Una nueva noche, un nuevo sueño, una nueva batalla del ir muriendo. El cigarro encendido haciendo del humo tu libertad; y la ropa interior tan ajustada que escapar no quisiera, como si en escudos bellos los encajes se transformaran; una noche del color de la sangre, otra de negros y bellos bordados, blancos como la luna, de azulados reflectantes en contraste con las artificiales luces de los locales; siempre resaltando el terciopelo de tus carnes, el jugoso y ardiente tacto de las hermosas esencias del deseo.

Sonrisa de carmín, un largo cabello negro y azulado en divergencia con el marfil de tu cuerpo. Tu joven alma se sonroja a la mirada de los llamados normales y sientes como el pánico se sustenta de la desdicha. Siempre has sido mujer fácil; fácil en amoríos adolescentes, en las pasiones inocentes de frágiles cuerpos sin forma, de rectas caderas y suaves tactos, en labios de pan y chocolate. No conocías la verdad del asco; los desinteresados escarceos de la vida adulta. Platónicas ideas resurgían de tu cabeza, (maldito sea Platón); engañabas tus más puros instintos en la exploración de las más intimas dulzuras.

La más bonita del pueblo; de vivos y alegres ojos hoy tan apagados, de negras pinceladas, hundidos, heridos de nicotina. El azul cálido de tus vestidos es sombra de neón en tu piel. Tus limpios cabellos se tornan azabaches, pelucas y ceñidos cueros, antesala de provocativos ligueros y bodys de encaje; ¡las piernas tan bellas... tan logradas las depilaciones!.

¿Recuerdas Rosa el colegio? Eras siempre la más decidida, la líder de las chicas. Me acuerdo de Miguelito; siempre ruborizado, con la bragueta desabrochada y los calcetines comidos bajo las botas; -dos números más-. A mí no me conquistará ningún hombre, decías;
seré la dueña y tendré siempre a quién quiera. ¡Que verdad más grande, Rosita!. Ya no eres la más bonita del barrio, eres simplemente la más guapa y también la más puta. No te ofendas; yo te quería, quizá aún te quiero; como se quiere a una estrella inalcanzable, a un monumento demasiado alto e inaccesible, a los dioses paganos de Sodoma. Ahora con el pubis bien recortado, los pechos duros de silicona, el deseo sumergido en sus adentros, perturbas mi alma de hombre solitario, terriblemente enamorado. Pero no eres para mí, acaso para mis sueños. No te acepto, no te aceptan socialmente y mueres en el deseo de los hombres, en la intimidad del silencio compartido por ellos, en las miradas bajas cuando caminas delante de ellos, delante de sus gordas y feas esposas.

¡Cuantas veces te he añorado; sola en tu jardín de deseo! La noche es azul como los susurros en tu pecho, las arenas cálidas que rozan los desnudos cuerpos son brisa de tactos increíbles, caricias colmadas de pasiones secretas. Sólo tú sabes mis deseos tan prohibidos e infértiles. Los años que pasaron junto a tus noches murieron con tus insólitos olvidos. La reina de las necesidades y los augurios, de todos los vicios incontrolados.

18 de febrero de 2009

Carcajadas D´Paulianas

Ese chiste no me ha hecho gracia.... ¡es tan malo!. No, no es mi ánimo es la poca gracia joder. Si pudiera volverme lascivo me reiría con toda mi alma para sacar algo de tu maliciosa intención. Una carcajada, sí, de verme en el espejo, tan mustio y enloquecido, retorciendo en lágrimas de risas los reflejos satíricos. Las carcajadas d´paulianas no son meras gracias, son vastos matices de fantasmadas, de suspicaces dichos sin decir nada. Estas mis carcajadas empiezan donde acaban los angustiosos silencios, en la cúspide de situaciones desconcertantes, en el apuro, siempre apurado, de ridículas situaciones.

Y todo me hace reír igual que todo me hace llorar. La caída del que, imbécil el pobre, solo mira hacia arriba, el paso mal dado de esa reventona joven que mueve el trasero y tropieza y en desequilibrio cambia su graciosa figura por fisonomía desbaratada. La gamberrada del niño que te sube la falda, las bragas con goma desgastada que te forman farfolla en la entrepierna. La gorra volando y la cabeza desnuda, el paraguas descontrolado y esa cara. Un atracón de wisky en la cabeza de los otros que me miran haciendo círculos con su mirada. Leer esto después de haberlo escrito, sentir la vergüenza de desnudar mi alma.

Sí, ya, no tiene gracia. Pues fíjate que me descojona verte delante de mí paseando esa maltrecha falda, ¡y esa carrera de tus medias bien disimulada......!. ¿Qué miras...?. Es que no puedo reirme.... ¡Vaya zapatos faltos de crema!. Fina lluvia, mierda de lluvia que mezcla el polvo de tu BMW y el camión que te adelanta. También me descojona tu mirada cuando no me miras, y la televisión que no funciona, los pantalones hasta las rodillas y las políticas rollizas. Los anuncios de “supersol” y las gallinas andando deprisa. Las tiendas vacías, las ropas repetidas y los pantalones sin bolsillo, sin cartera, sin sonido metálico de malditas las monedillas. Y me descojona los pendientes de aro y los canalillos artificiales, el sudor de los militares y el vino de los altares. Me descojona verte leer esto con la cara seria e indignado.

Las carcajadas d´paulianas tan simples y sencillas, tan de la vida cotidiana. Me descojona la mirada de los pollos escarmentados del mercaillo, las plantas del subsuelo, el brasero apagado, los perros haciendo más perros delante de las púdicas señoras. Las caídas sin roturas, el entierro de los tontos, la fiestuki de los aburridos recatados. El banco solitario con el cajero dormitando, la paz de las palomas y sus cagadas en los balcones. El siniestro total sin heridas de un todo terreno en su finca, el polvo mal echado y el orgasmo en fascículos. La lámpara sin bombillas y el DVD en blanco. Me descojona tu mirada en esta hora maldita, mi sombra puñetera después de las comidas, la cama fría y el calzoncillo caliente. Me descojona una noche sin sueño y un beso en la frente. Las carcajadas d´paulianas me descojonan el alma como un pollo más en lo apretujado de la manada.

Tiempo de Ausencias (A mis lectores/as. Perdon por la espera)

Un tiempo de ausencias que me aparta de lo cotidiano, un espacio en el tiempo hacia nuevas vidas, nuevos amaneceres transparentes y limpios. Fugada mi mirada, abandona en un caos de melancolía, una batalla de ir naciendo en desorden, a la deriva de fechas y simulaciones, contracorriente de morales estériles. Ya ni tan siquiera me pierdo por el mágico mundo del teclado, cómplice de mis reflexiones, ya los comentarios de amigos se pierden en la nada de visitas repetitivas, desencantadas de no ver el trasiego cotidiano de mi alma.

Despierto al día a día con la mudez de la expectación callada, de los escondites secretos del alma donde se refugia un corazón tallado en la mágica horas de la madrugada. Allí, en la oscura sombra de mis noches, está la felicidad, el alivio de un suspiro, una caricia, una sonrisa que plagia la carcajada ilusionada, el pedestal soñado de la tierra anhelada de un norte lejano, un camino corto en la distancia, largo en el tiempo, inaccesible y sediento de placeres ocultos.

Tiempo de ausencias que me hacen invisible a tu mirada, a los ojos que esperan un momento de tristeza de este pobre corazón cansado. En este deshojado blog estático se ha perdido una palabra pronunciada a tiempo, ha huido, poco a poco, el manantial vivo de poemas y frases hechas. Tiempos de lectura y desaires maliciosos a vuestros sueños, de vacíos sonoros que apuntan al fracaso, a la desilusión de la vuelta, lo perdurable.

Tiempo de ausencias renovado con un suspiro de tristeza, de optimismo envenenado con un sueño de primavera que comienza, de sol descubierto tras meses de grises paisajes, lluviosas escenas en el campo de olivos, en la línea que atraviesa la fantasía de lo real, en los desconciertos de nuestras pálidas caras sin sonrisas, sin vida, sin luz nueva que contagie fiestas y risas. Tiempo de ausencias sin pedir perdón, sin atreverme a alzar la voz demasiado, musitando un silencio y de puntillas. Cabizbajo a las miradas que, desde dentro mismo, me miran. Tiempo de ausencias......... ausencias ingratas de lo cotidiano.

7 de febrero de 2009

Hoy tampoco se qué escribir

Hoy tampoco se que escribir. Saturado el espacio de la mente, vacío el entusiasmo de reflejar sentimientos, hundido en la miseria del desánimo, se retuerce el alma en un grito de supervivencia, se agotan las palabras sacadas de la nada para confundir a los lectores sedientos de emociones. Solo miro a mi alrededor con el gesto de no querer saber nada, con una sonrisa ridícula que cuestiona tus posibilidades de expresarte y, es entonces, cuando naces sublime a la nada, al pensamiento vacío del silencio más elocuente. Ahora que nunca hay sol, que apenas bañamos nuestros cuerpos en la calidez de nuestras calles; ahora que la noche ni es mágica ni cubre de sombras los sueños; ahora que en mitad de una canción siempre hay un solo de fría lluvia; ahora que en el reloj de las horas marcadas solo el vasto rugir del aire marca los minutos de silencio; ahora que aún despiertos se hiela el alma como una caricia de acero frío, ahora tampoco se qué escribir.

Dormito levemente sobre un teclado hastiado de composiciones, sobre una fuente inagotable de ideas que van muriendo nada mas nacer, en el parásito conocimiento de los reclamos de las musas insatisfechas. Ni tan siquiera un leve dolor de cabeza que apunte a la creación de bellas frases, ni músicas místicas que acompañen una inspiración. Pero mi ansia por escribir se derrama como un rayo hambriento de palabras, como una secuencia de frases legibles que no mueran en el eco ambicioso de tus lecturas. Sólo tú y mis letras son melodía secreta en estas horas de desaliento, tristeza y tedio. Pero ahora, lo siento, tampoco se qué escribir.

Se agota el tiempo y me rebelo a tanta ineficacia de ideas, me absorbe un manantial de hastío incontrolado, la bajeza inútil de mis horas inciertas. La declamación del alma se ha dormido en una dulce fragancia de callados versos, poemas inacabados sobre el sucio papel abandonado. Sólo quiero escuchar una triste canción y soñar, soñar sin palabras, meditar en la nada que tanto me dice, sumergirme en un silencio que todo lo evoca, emocionarme con la cabeza y el corazón vacíos de sensaciones últimas. Ahora que mis frías manos en los bolsillos mueren, que recostada la cabeza en el ángulo muerto de la mirada de reojo se afana en no musitar nada; ahora en este silencio que me habla no se qué escribir

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