Cuando la noche ya no es mas que refugio de arcoíris grises y el llanto congela su miedo en la soledad del sueño, cuando la luz huye cada madrugada de soledad y de las sombras nacen solo de lejanos recuerdos, cuando en el frio de la noche se muere la paz y las lágrimas de tanto brotar secan los labios suplicantes, Dios escucha y mece mi sueño con una caricia de dulzura. Me obsequia con su más preciado don y envía un ángel bello donde mecer mi sueño, un ángel de mirada eterna que sacia el alma de dulces suspiros y brilla y sonríe y en paz vela mi cansado sueño. Mereció la pena la espera, las súplicas de días de soledad y miedo.
La vida aún me ama, me necesita, desea de mis palabras, de mi grito lanzado a la esperanza del mañana. Y doy gracias de tener mi ángel, poder acariciar su aureola de bondad, su cara de dulzura y me consumo en su ausencia sin aún haber abandonado mi cielo. Mi regalo de navidad, el consuelo a tanto llanto, el beso que renueva a este corazón cansado, la caricia del cielo, brazos rodeando mi alma en la calidez de esta noche, en los luceros que sacian de paz y besos cada uno de los latidos sosegados de este nuevo año. Mi regalo de navidad, mi sueño cumplido en solo un instante de amor y paz.


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