17 de julio de 2009
Noche
que noche tan muerta de luz!
Mi calle es oscuro silencio,
un leve y ocre reflejo
de farolas adormecidas.
El lejano dial de los sueños
es el martillo de la angustia;
Voces rotas en la radio,
clamores muy silenciosos.
El dulce dopaje
es sombra en el neón de la calle,
recuerdo de una hipnosis,
en rincón oscuro vomitada.
Mis ojos no revelan nada;
silencios y silencios,
voz quebrada por el miedo.
La ruta de la felicidad
es escabroso camino de pasión,
sexo dormido y húmedo
de los últimos amores de esquina.
El antiguo despertador
me hace inventar melodías
en las ocres sombras de mi ventana.
El atardecer quedó lejos,
con sus rojizas sombras huidas
al horizonte de mis sueños.
Si la muerte es paz, letargo;
si mis noches son pena, muerte,
que amanezca el día
con sus rayos dorados de realidad,
con los mágicas horas que esperan ser noche, sombra, sueño......
Sueño de Ángeles sublimes
pidiendo un cuerpo donde morir.
Dóciles manantiales de sol en sombras azules,
miradas quietas y sueños y flores muertas.
¡Vuela angel bello,
cubre mi rostro amargo de silencio!
15 de julio de 2009
Amor de "pueblo"
¡Dulce imagen! ¡La imagen misma del amor! Al tercer suspiro, con la cara aún sonriente, el ve una flor: el éxtasis; la perfección. Pone cara de interesante; le late el corazón y no puede creer tanta suerte; ¡Hoy es mi día!; se agacha y como un héroe de ficción arranca la florecilla de un sólo golpe... la cogí. Ella disimula ruborizada; manos unidas y sudadas, piernas blancas y heladas danzando como bellas palomas en un ritual de baile. ...¡Toma esta flor nunca más bella que tú!... Suspiran y se vuelven a besar. A propósito; ¿compraste el frigorífico ya? ¡Que dulce eres mi amor! cien frigoríficos yo te compraré. Y siguen paseando, amando, soñando por la eterna plaza de sus vidas; hoy sumidos en proyectos; mañana en recuerdos. Dos tortolitos más de la mano bajo el campanario de cualquier pueblo.
6 de julio de 2009
La Música
La forma en que la música llega hasta nosotros es de diferente índole y situaciones. Existe la música ambiental, la íntima música que suaviza el desconsuelo de alguna solitaria salita dónde los sentimientos afloran adornados del ritual de las notas hechas suspiros de soledad; el cansino slogan de los anuncios pu
blicitarios que hacen de la melodía elegida un éxito, sino el del verano, si lo suficientemente repetitivo como para que todos lo canturreemos constantemente, el gran concierto que deleita nuestro corazón con las sabias producciones de los clásicos. En definitiva, la música forma parte ineludible de nuestra vida cotidiana, es compañera constante en todos los acontecimientos, reuniones e íntimas soledades que forman nuestra existencia. La música es el segundo idioma de todos y a la vez el único universal que nos une y se hace comprensible desde cualquier parte del planeta.La conclusión clara es que la música forma parte esencial de nuestra vida, nos hace más sensibles al mensaje que trasmite, bueno o malo, nostálgico o eufórico, romántico o violento. No puedo imaginar la vida sin las melodías, sin el lenguaje de las notas y acordes suspendidas en el aire, en el eco suave y dulce de nuestros oídos receptores del lenguaje de los dioses; porque la música es un idioma, universal, divino, pletórico de sensaciones y giros que van más allá del simple mensaje. La música es el sonido de la tierra en sus adentros, el sueño en el silencioso cosmos, la palabra hecha silencio en el paraíso de nuestras almas. La música es la vida, eso sí, la música no los sonidos agudos de las malas composiciones mezcladas para dañar la programación sencilla y natural de nuestras alnas receptoras.
La música, en definitiva, es parte esencial en nuestras vidas, es el alimento del alma sin el cual nuestra existencia se vería mutilada de sensaciones, de sentimientos, de añoranzas, de alegrías y tristezas. La música es el camino de paz forjado a golpe de nota suspendida en el aire, es el lenguaje que hemos de aprender para habitar el paraíso, para unirnos a una Verdad suprema dónde el espacio se generaliza en melodía acompasada de rítmicos sueños. La música lo es todo, es la vida, el sueño, la ilusión. La música, y perdónenme la osadía, LA MUSICA ES EL MISMO DIOS.
2 de julio de 2009
Tiempo, tiempo, tiempo....
.... que oscurece horizontes nuevos, sabios destrozos de humildad, pasivos llantos de madrugada. Tiempo para rozar la meta de las frases bellas, el despertar ingenuo de la poesía muerta. Tiempo para la mañana de azules sombras y quietudes en la mirada. Tiempo para expresar canciones lentas, trazos de líneas dulces sobre un papel mojado. Tiempo para madurar.
..... que nace y va muriendo solo, que seduce a la lágrima sedienta. Tiempo para morir y volar, para saturar los espacios de vida eterna. Tiempo para la noche, para el viento del verano, para la risa cortada en trozos de suspiros amargos. Tiempo para amar, para sumergirse en un mar de azules corazones. Tiempo para naufragar en ojos que sustentan miradas cercanas. Tiempo, tiempo, tiempo....
28 de junio de 2009
Mis pensamientos en una "Jornada de Reflexión"
TRABAJO


24 de junio de 2009
Vivo mis pasados sueños
Mi alma volaba a capricho del sueño entre un sinfín de nuevas vidas que aparecían ante mis ojos; vidas que en su interior reflejaban un desconocido y dulce deseo que, en la inexplicable existencia de mi pobre camino, daban un entorno de esperanza, me hacía gritar en la soledad y temblar ante esas manos blancas que algún día podría acariciar haciéndolas de mi propio cuerpo. Comenzaba a desayunar en aquella mesa en la que nunca sucedía nada; aquella mesa de ese bar repleto de sonrisas joviales; de rostros conocidos y muertos en la memoria. Saboreaba con expresión mecánica aquella jugosa tostada mientras contemplaba el humo del café‚ que orgulloso huía del caliente líquido que quemaba mis labios. No pensaba en nada, no reflexionaba, mecánico consumía el tiempo que hacía de mi mente una máquina sin recuerdos. Estuve así varios segundos; los mismos que tardé‚ en encender un nuevo cigarrillo y emanaba de mis labios depurando el placentero veneno; - ¡y esa tos que me daba; algún día dejaré de fumar!- Me consumía en silencio y comenzaba a meditar seriamente sobre la vida que me rodeaba constantemente.
Mi monótono diálogo interior, se vio interrumpido por la mirada de unos ojos jóvenes que, con su brillantez verde, iluminaron el entorno gris de las vacías y pobres paredes. Fue uno más de mis irreconciliables e internos flechazos que, según pensaba, morirían como los anteriores; aquellos que volaron sin conocer mis sentimientos en la sombría estancia de mis noches en que la imaginación volaba con las notas de una dulce melodía. Aún soñaría con acariciar su rostro y reflejarme en su mirar bajo las estrellas. Aún soñaría con besar sus labios de vida y que la luna silenciosa iluminara nuestros cuerpos fruto del amor. Sí; fue algo sorprendente; una mujer llamaba mi atención, hacía de mis monótonas mañanas el fruto de una nueva esperanza, de una realidad soñada la noche anterior en que caminando por senderos de amor, huía de los sentimientos rendido por un triste sueño. Mis preguntas ocupaban todo el vacío que reinaba en mi cabeza; sentía cómo las manos me temblaban haciendo sonar la cuchara en el vaso de café‚ (que más bien era agua fría y negra) cuando imaginaba que yo era el destino de sus ojos que, sonrientes y fugaces devoraban los rincones del local.
Un amigo, más bien un conocido, levitaba durante largas horas allí a mi lado. Distraído devoraba un tiempo amargamente perdido confeccionando una serie de crucigramas en su libro de pasatiempos. Era duro ver como malgastaba el dinero que su padre, tan dignamente, ganaba como médico en una consulta de pueblo, de pobres abuelas achacosas. Allí estaba él, derrochando la hacienda ganada con el pronóstico de un simple resfriado. -Perdona..., ¿hablabas...?- le dije para salir de la situación. ¡No, no, tranquilo; sigue durmiendo; si te acostaras más temprano...! Quizá lleve razón. Pero yo no dormía, soñaba; soñaba con esa oportunidad, con esa vida que siempre había necesitado, que en mi juventud no anhelaba pues sólo pensaba en esos primeros "cubatas", en el fútbol y en las pandillas de amigos, en esos años en que las mujeres no son más que estorbos y alteran la valiente y apacible compañía de un amigo en una sala de billar. Ahora era distinto; o al menos así lo creía yo; o así debería ser. Pasó la pubertad; tenía veinte años; ¡qué mayor! Mis ilusiones cambiaban, estudiaba en la Universidad, ya era alguien, oía la voz paterna ¡tienes que ser un hombre como son los hombres!, ya no eres un niño!, ¡asume la responsabilidad! Pero aún me faltaba algo esencial. Quizá no fuera una solución, una prueba de adultez; pero lo necesitaba, necesitaba dar un mayor sentido a mi vida, compartirla con alguien, relacionarme con una persona del sexo opuesto. Esta última frase brotó de mi interior como una explosión de rabia que llegó a oídos de mi compañero que, extrañado y sonriente me dijo: ¡siempre estás pensando en lo mismo; desde luego lo tuyo no tiene remedio! suspiró satisfecho y continuó luchando con una sopa de letras que acababa de empezar en su inseparable libro de pasatiempos. ¿Siempre en lo mismo? Tal vez. Pero no compartía su protesta, sus palabras no acreditaban lo que yo sentía en esos momentos.El tiempo iba pasando inalterable a nuestros sentidos. Y una vez dieron las diez, las horas se iban haciendo más y más pesadas; hundidas en la monotonía de fugaces murmullos y carcajadas lejanas que llegaban a mis oídos como máscaras que cubrían un silencio amargo. Seguía transportado en la nube de la fantasía, imaginando una vida diferente que me invadía el pensamiento desde hacía ya varios años; esa vida en la que no ocurre nada, que hacía de mi cuerpo una máquina fría y calculadora de aburridos pasos que me sumergía en la oscuridad de una monótona existencia de varios deseos; de miradores etéreos en los que nada merecía la pena; y morían años de adolescencia, de películas agitadoras de Karate, de cervezas acompasadas con una partida de cartas; y unos ojos que brillan del alcohol, y la vuelta a casa después de las once con la típica frase: ¡ni una vez más! de unos preocupados padres; y esos domingos de cama y fútbol, y esa discoteca ideal de luces que hoy no nos dicen nada pero que eran como símbolos de una forma de vivir, de unos ídolos que, con corbata estrecha, imitábamos en la interpretación de un imaginado instrumento. ¡Y hoy no nos dicen nada! Sólo queda el recuerdo de aquella habitación repleta de libros de texto de cualquier curso de BUP; y esparcidos libros o cintas que resbalaban en aquel polvoriento y viejo casette de la esquina. Y quizá algún póster de rostro amigo que acompañaba la soledad de un mundo de color moderno, del último grito, la ultima voz amiga que nos recordaba con sus letras qué debíamos pensar, cuales habrían de ser nuestras ideas para que, robotizados alimentásemos un mercado que asesina a la juventud. Pero nosotros no conocíamos sus intenciones; vivíamos felices, o al menos así lo creíamos. Aquella carta de amor que nunca se mandaba porque no existía un receptor en concreto; las primeras poesías escritas en horas de ensayo influenciadas por un dulce Gustavo Adolfo.
Recordaba y recordaba con una amarga sonrisa en los labios. Ahora es distinto; he cambiado; mi vida ha de fluir por otros caminos, por rutas que desemboquen en la adultez, en ese sufrir diario de persona seria y responsable, buscar trabajo, interesarme por la política; en definitiva por ser un ladrillo más en el muro para caminar por el lodo de una sociedad mecanizada. Me dirigí con la mirada a esos ojos verdes que continuaban sonrientes, felices en apariencia. ¿Porqué no podría ser ella?. Es una mujer más y a la vez una sola que ha despertado mi atención, que ha causado el repaso de mis pensamientos (que porqué no decirlo me estaban produciendo un dolor de cabeza incontenible) podría ser ella; y hoy un desconocido en su lista de rostros amigos, y mañana su mismo rostro, su voz amiga, su guía en el laberinto de la existencia. Podría ser ella la que un día se estremeciera al oír mi voz, la que besara mis mejillas con el corazón, la que dulce y fuerte me hiciera enterrar en el tiempo esos años malgastados de un pasado enigmático.
Me hundía en una fantasía de la que cada vez me costaba más salir. Comencé a hacer de esos ojos una idea insoportable y a la vez deseada que me saturaba el cerebro de fantasías. Era como la solución a todo un problema de conciencia, como un indicio divino de lo que después sería mi vida. Persistía la inquietante lucha de mi cerebro con la realidad. Por momentos pude sentirla mía, dentro de mí. Pero la realidad era distinta; ella estaba allí, pero cada vez más distante y fría, más sumergida en imposible sueño. Y cuando algo se sueña, al despertar sufrimos el deseo de realidad. Desperté a mi amigo de su letargo y mecanizados dejamos el local; nos dirigimos mirando hacia el suelo a sufrir a una programada clase de matemáticas. El pupitre -como el patíbulo- me esperaba triunfante, desgarrador. A pesar de la frialdad de aquellas clases y la depresión que producen aún en las mentes más optimistas, mis ojos se perdían por la ventana en nube blanca y de nuevo surgían en mi cabeza el recuerdo de su cara dulce y transparente, haciéndome temblar en nueva ilusión. Si pudiese hablar con ella, yo... el hombre tímido y serio; el hombre de palabra fácil y recursos varios que enmudece ante la mirada de una mujer; el hombre de un "hola" y un "adiós" y un miles de te quiero en el corazón. Ahora necesitaba ir a su lado, decir que siempre la he conocido, que la he esperado muchos años, que en mis noches la soñé en desnudez pura. Sólo el pensarlo me hacía empalidecer, me nublaba la vista y los números de la pizarra aparecían ante mis ojos como monigotes satíricos que se burlaban de mí.Fue al fin un día del mes de diciembre; un día frío y lluvioso del mes del nacimiento divino, en el que nacería a una nueva vida. Fue un dieciocho de los que después vendrían encadenados cientos de ellos. Dieciochos de sueño, vida, lecho, pasión, besos... Ya quedaron atrás esos años de negra soledad, esa vida fría y sin sentido que se adueñaba de mi cuerpo en las noches oscuras de una vacía estancia. Ya quedaron atrás esos años de pandillas absurdas en un cursi café del parque, esos años de finales de los 70, de sonidos eléctricos de una discoteca de horteras, esas aventuras de niños que nos hacían héroes de barrio, esas rodillas heridas y cabezas escalabradas; aquellas puestas de sol que no nos decían nada, que sólo nos alentaban a mutilar un paisaje virgen. Ese "pájaro azul" que aún añoraba. Ese mes de diciembre cambiaba el rumbo de mi camino; se me mostraba en feliz sendero no experimentado, nuevas promesas, nuevas ideas, un nuevo mundo que en definitiva alimentase a un nuevo hombre enriquecido en sueños.
Hoy, un año después (recordemos que está escrito en 1.983..), recuerdo aquellas horas que me devoraban en la mesa de aquel local en el que nunca ocurría nada, hasta ese día en que se introdujo esos ojos verdes de mirada fresca y jovial. Hoy vivo con ella, violamos senderos de felicidad, nos sumergimos en la noche con un mutuo soñar; puedo sentir sus cabellos que fugaces acarician mi rostro al fin sereno; sus ojos de vida sólo contemplan mi mirada, ya olvidaron al fugaz amigo que no supo guardar el cofre con gran reliquia: su corazón. Sólo yo he sabido llorar sobre sus mejillas, hacer de su vida el reino de mi corazón; y aquellos sueños de una mañana fría se cumplen hoy; hoy son cumbre de amor. Hoy al fin puedo vivir mis sueños pasados; proyectar un futuro nuevo, caminar mi vida junto a ella, naufragar en su cuerpo desnudo, caminar hasta el juez divino que nos unió para siempre como aquel día en que absorto dormía en el umbral del tiempo.
Hoy, con estas palabras, desvelo el secreto de una mañana clara en la que el viento me anuncia un futuro de luz. Al fin puedo compartir mis noches, besar sus labios de vida. Al fin la luna silenciosa ilumina nuestros cuerpos que gimen en la tierra. No olvides a este hombre fruto de canción de noche; que siempre te soñó, que en ocaso triste anhelaba tu amor. Mi esperanza, que siempre vivas en mi corazón. Mi olvido, las horas de un triste pasado que murió un 18; el 18 de diciembre de 1.982.
20 de junio de 2009
Meditar en Nada
Dulce agua de ese tiempo que recorrió mis manos
en la tarde de frescos sueños; que tú miras,
admiras y contemplas sin voz; que sientes
sin inmutar los ojos que a veces cierras.
¡Enfurece tu cordura si crees amarla; suéñala!
De un jardín sin flor seca que estorbe,
llora como un campo que apenas duerme,
que canta en melodía hablada y busca
una verdad que vibra en el latir.
Mi tiempo hueco brota del aire que nace
de la noche que, ni blanca ni azul,
convive con un sueño de color que brilla.
Pena, silencio, fondo que no escapa sólo.
Duerme... calla palabras que dicen silencio.
El fuego, el aire, tierra y mar despierta;
mundo que azul gira en azul infinito;
paso de nubes de cielo negro, cofre de tesoros
que no arden en cálida luz.
Lecho, cuerpo, faz desnuda, voz del deseo....
Mi rostro despierta del sueño que frágil vivía.
¿Qué verso de qué pluma secreta nace sin olvido?
Estoy cansado, soy humano... Muero... Lucho.
¿Qué vida justifica su camino sin esperar muerte?
Deseo morir sólo un momento. Cuando muera....
Para ti mis palabras de frases inmortales.
En tu pensamiento la luz de mis nuevas ideas;
aún emanan de la sangre que brota
del corazón con ritmo inseguro, débil y tétrico.
Para ti la canción alegre del sol en primavera.
¡Poema; testamento del alma mis noches!
Ahí queda para que recojas el fruto. Pueden huir...
¡Mi pensamiento repleto de irónicas pruebas!

16 de junio de 2009
Divagas de maravilla.....
Es pura filosofía conformista, psicología de la supervivencia mas primaria, en fin la vida misma, yo mismo. Si tú, D´paula y sus extravagancias. Ya me lo decían de pequeño, este niño es muy raro, dice unas cosas..... El pan para la comida es un ejemplo de la teoría del acompañamiento necesario, la utilidad de las dos partes esenciales, complemento digno y a la vez, para mi, superficial. Pero al final me tenia que comer el pan, no convencía a mis padres. Si acaso un leve guantazo en el marcador negativo de mi lado del campo. Es entonces cuando filosofaba sobre la teoría de la superioridad congénita, la ley del catón universal. ¿Raro verdad?. Pero solo un rarito entrañable. Eso es teoría de la dependencia emocional que eleva las causas perdidas a razonamientos lógicos, y no he bebido que conste, si acaso una fanta de limón que ha puesto un poco agrio mi cerebro indómito. ¿Y el Wisky...? Hoy no he tomado porque no me apetece, la ley de la absorción voluntaria. Todo son leyes en esta vida. Las leyes de Méndel por ejemplo por la que mis huevos son mas negros que rubios y si fueran, males del demonio, rubios, ni Mendel ni “na”, mosqueo total. ¡Si vestía pantalones cortos de cuero con las ingles escocidas.....¡
¿Divago de maravilla...? Solo me adentro eufórico en un interior inescrutable, incapacitado para los razonamientos lógicos de este tiempo chapucero. La nada se concentra en este punto que, ¿yo solo veo...?, por favor dime que no, que todos apuntamos a espacios cómicos de la memoria. Se ha caído de la bicicleta y nos hemos reído, se ha salido la cadena, pero nos hemos reído. Ha pisado la baldosa en falso y también nos hemos reído, se ha mojado hasta el cinturón caído, sí, ese, el “Hermes” y nos hemos descojonado. Un punto de sal le falta a mi plato, una pizca de sabor entremezclado. Todo sería tan odioso si no siguiera un camino trazado....¿Divagas de maravilla...?, ¿Es un piropo?. Jamás me habían dicho eso, lo apuntaré en el cuaderno roto del trastero para cuando las musas perdidas ya no griten demasiado.
13 de junio de 2009
Tus Palabras: Mi reflexión.
Tus palabras
Tus Palabras
Tus Palabras
Tus Palabras
12 de junio de 2009
Tengo una sombra triste que colorear...
La tarde es más tarde en estos días, el sol se afana por revestir el cielo de anaranjados trazos. Tengo un sueño que dormir, una luna a la que mirar y unas sombras que retocar. Tengo mil palabras esperando en el cajón, una poesía inacabada, un llanto por comenzar. Tengo una tecla sin tocar, una almohada limpia donde recostar mi cara, un simulacro de madrugada. Tengo un cigarro apagado, una lámpara de noche, una siesta donde retozar. Tengo una mirada en la esquina, unas deportivas sin estrenar, y luces rojas y amarillas y delantales detrás de la puerta de la cocina. Me siento, cuando aún no he despertado, un verso por recitar, una palabra por pronunciar, un eco en el que divagar. Me siento y te miro como a una pantalla descodificada, como una película sin fin, como el nodo sin color de aquella infancia perdida.
Las noches van revistiendo mi dormitorio de estíos prolongados, de pesadillas en sudor bañado. Dormir ya no es un placer, es un luchar de insectos, una batalla en espera de un mañana de rico sueño. Tengo un sueño por soñar, una tubería que suena y un reloj por sonar. Tengo una aspirina en la mesita, un vaso de caliente agua, un cristo con los pies sin besar. Tengo nudos en la garganta y ojos abiertos en la madrugada, papeles por ordenar y unos dedos pulsando teclas aún sin domesticar. Tengo el hielo pegado al labio, un vaso lleno de wisky por tomar, una pulsera con fechas, unas gafas empañadas de no mirar. Tengo el pantalón desabrochado después de cenar y un sabor a jazmín en el paladar. Tengo mil canciones por grabar, una pantalla sin cursor y una poesía que saborear. Tengo lo que nadie tiene, tengo muchas cosas que contar, unas pocas que mostrar y ninguna que guardar. Tengo una sombra triste que colorear....
